Primero me encontré con un anciano, él me mostró las bondades de sus conocimientos, lo consideré un soberbio y lo ignoré, más tarde caí en la cuenta de que estaba allí para abandonar mi naturaleza simple, vulgar y tuve que recurrir a su sabiduría. Continúo caminando y doy con un sujeto que tocaba una guitarra, esta vez soy yo el que toma la iniciativa a la hora de entablar una conversación, pero este me ignora por considerarme un presumido, en respuesta a mi soberbia, me muestra las virtudes de la música. Aquellas eran piezas de excelente maestría, tan perfectamente ejecutadas que hubieran hecho que cualquiera experimente una necesaria extremaunción de todos los sentidos, sin embargo detecte al dedillo que aquellas composiciones no tenian letra alguna. Es así que, basandome en aquellas sabías palabras, ayudé a crear una acorde a la música. Al final terminamos cantando juntos.
Más tarde, me vi en la necesaria tarea de conseguir alimento, a lo lejos visualizo una chica que se distinguía por llevar unos rizos dorados muy hermosos. A sus pies tenía dos manzanas brillantes, le sonreí con la intención de que me convide con alguna y me devuelve el gesto, pero su timidez le impide hablarme, al ver esto mi estado de animo cambia drásticamente, es entonces que, recordando aquellas piezas de música, compongo la canción más triste jamás creada, ella pierde su timidez y se compadece de mí, comienza a acariciar mi cabeza haciendo extensas muestras de amabilidad. Al final terminamos comiendo cada uno una manzana.
Logro ver, más arriba, que una multitud se organizaba, cuando me acercó, curioso, me doy cuenta que un sujeto de enorme estatura intentaba sin éxito mover una roca que mantenía inmóvil a un hombre débil, alrededor de ellos una multitud observaba la hazaña, camino entre ellos y, recordando aquellas nobles intenciones de la muchacha, ayudo a mover la piedra, el sujeto apoya su mano sobre mi hombro y se relaja, me susurra al oído y me enseña los secretos de su gran fuerza. Más tarde juntos, logramos sacar a aquel hombre del peso de aquella roca.
Sigo transitando por aquella larga y alta nube y ya empiezo a notar que se acerca el final de mi camino, de repente me encuentro con una muchacha, increíblemente hermosa, que estaba siendo perseguida por unos supuestos acosadores, me interpongo entre ellos y, haciendo uso de la fuerza antes adquirida, detengo aquellas pervertidas intenciones. Mi heroica hazaña hace que ella se enamore perdidamente de mí. Más tarde nuestros cuerpos arden en la más frenética de las pasiones.
Juan Pablo Enriquez


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