Pensando en cual podía ser la respuesta mas osada reflexioné de primera instancia, había sido una larga noche, casi tan extraña como olvidadiza, estaba fastidioso de la jaqueca, mis ojos estaban perdidos, la resaca controlaba mis extremidades, pero por alguna razón me vi libre de alguna cuando la vi sobre mi cama, nuestros cuerpos no se enfrentaban, es por eso que pensé en aprovechar la ocasión, esa en que la anatomía no falla nunca. “Testosterona” y “feromonas”, nuestros cuerpos generaban lo inevitable, sin embargo me veía confiado, había dormido casi dos horas, pero no era la falta de sueño sino los efectos del alcohol lo que me molestaban, no tenía miedo, sabía que los dolores de cabeza no me harían hacer más que alguna estupidez graciosa y probablemente en la situación en la que me encontraba no sería malentendida. ¿Aprovechar la ocasión? Ja!, no sería justo, más a esta altura de la situación, complicaría aquella siempre perpetuada relación senil. Ella estaba aquí por algo y era hora de tomar cartas en el asunto. Se dió vuelta dormida, me mostré indeciso de golpe, probablemente se me haya terminado el efecto de aquel cóctel que me había desinhibido, el miedo entró, ahora, en pánico, todos mis sentimientos eran rebelados en mi piel, entreabrió un ojo y sonrió al verme, esas tiernas pupilas verdes, esa boca, su cara de ángel, pero sobretodo su cuerpo, había soñado infinidades de veces con tenerlo entre mis brazos, mi boca se llenaba de saliva, pensé en todo lo que podía haber pasado y esa sonrisa me mostraba que de algo no estaba enterado, sin embargo no dije palabra alguna, no me gustaba el fracaso pero sabía que tenía que experimentar o morir, estaba pasando un buen momento entre los nervios y mis intenciones. No preferiría presumir con esto aunque muchos lo hubieran hecho, infinidad de muchachos habían intentado poseerla, era como el trofeo imposible de ganar, ya no pasaba por una cuestión de histeria sino más bien una cuestión de lujuria y ahora la tenía sonriéndome en mi cama. Ella se apoyó en mis hombros, el divino sol que entraba por la ventana se reflejaba en sus ojos, no había verde más perfecto, me atreví a abrazarla, ella acarició mi pierna, su aroma, tan excitante, invadió mi alma, una lágrima escapó de mis ojos sin quererlo, aquello fue el presagio de una oportunidad única.Pensando en cual podía ser la respuesta mas osada reflexioné de primera instancia, el próximo tren puede llegar a cualquier rumbo, aquel que solo una brisa precede, atiende y desatiende cualquier obligación moral, sueña que vuela y en tanto asoma aquellos sueños que muchas veces se esfuman en la cabeza de los inocentes enamorados.

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